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Islas Malvinas - por Gonzalo "Peke" García

Puerto del Buceo: Una ventana al mundo

En junio de 1999, el Pampero trajo consigo a Alpha Carina, un cutter de treinta y tres pies con casco de acero.

Mas allá de llamar la atención por su aspecto de barco guerrero, Alpha Carina tenía una historia interesante para contar. Sus tripulantes Andrew y Allison, no contaban con mucha experiencia como navegantes, pero sí contaban con todas las ganas de salir a descubrir el mundo abordo de su pequeño velero.

Todo comenzó en un campo desolado en las afueras de Puerto Stanley en las islas Malvinas.

Andrew sintió el llamado del mar y comenzó su busqueda de un barco que le pudiera servir para calmar su sed de aventura. La búsqueda fué bastante corta dado que Puerto Stanley cuenta con sólo cuatro veleros en su flota.

Alpha Carina había llegado un par de años antes a las Malvinas, procedente de Nueva Zelandia. Sus propietarios eran una pareja joven que luego de llegar a las Malvinas decidieron que habian tenido suficiente aventura por un buen tiempo. Despues de haber dado vuelta de campana un par de veces en las inmediaciones de Cabo de Hornos, sintieron que quizás la suerte se les iba a terminar algún día y lo mejor sería entonces vender su barco y regresar a casa.

Alpha Carina se encontró entonces en manos de su nuevo dueño, un granjero que en algun momento escuchó también el llamado del mar, pero quizás podría haber sido el silbido del viento que se colaba por su puerta y no estando muy seguro de ello decidió venderle el velero a Andrew quien lo venía molestando desde hacía algún tiempo , con todo tipo de preguntas acerca de Alpha Carina.

Andrew siendo ingeniero y un buen soldador, se dedicó a hacerle varias cirujías a su nuevo barco y cuando terminó esta etapa , comenzó a rediseñar su interior. Todo esto le llevó alrededor de unos dos años. Entonces llegó el momento en que se tuvo que preguntar como iba a hacer para aprender a navegar. Luego de hacer varias averiguaciones, le presentaron a Gerome Poncet; un francés que se dedica a llevar turistas a la Antártida en verano y en invierno corre alguna regata cuando siente deseos. Lejos estaba Andrew de saber que las regatas a las que se refería Gerome era nada menos que la Transat.

Gerome guió a Andrew por los pasos básicos de la vela y pronto también se hicieron buenos amigos. Andrew aprendió que Gerome y su esposa eran propietarios de un ketch de once metros y otro de unos quince que es el que utilizan para los viajes a la Antártida.

No es raro que la esposa de Gerome salga a dar algun paseo por las islas mientras su esposo se encuentra ausente en alguna aventura. Pero lo que sí llama la atención es que ella lo hace sola. Navegar por las islas Malvinas donde un día calmo significan veinticinco nudos de viento , corrientes de cinco nudos y temperaturas bajo cero no parece ser el ambiente ideal para salir a navegar solo, mucho menos en un ketch de once metros. Por eso cuando Andrew me contó sobre esta familia, caí en la cuenta de que me estaba hablando de gente que está hecha de acero inoxidable.

En cierta oportunidad, Gerome y su esposa se encontraron atrapados por el hielo en la Antártida durante el mes de diciembre. Cuando llegaron las fiestas, Gerome subió a su esposa (quien se encontraba embarazada) a un trineo que llevaban en su barco y se dirigieron a una estación científica que se encontraba cerca. En el medio de la noche de fin de año , tocaron en la puerta y fueron atendidos por un grupo de científicos que demás está decirlo quedaron un tanto sorprendidos. Pasaron allí las fiestas y regresaron a su barco a la mañana siguiente. Luego de despedirse, Gerome armó una vela de windsurf que había llevado para acoplarle al trineo y aprovechando un buen viento en popa, dejaron atrás a sus nuevos e incrédulos amigos.

Un par de semanas más tarde Gerome hacía de doctor a bordo de su velero para ayudar a traer al mundo a su nuevo y tercer hijo.

La vida continúa entonces en las Malvinas , donde el clima parece moldear a sus habitantes y hacer de ellos seres que se adaptan fácilmente a cualquier situación.

La geografía de estas islas refleja el estado de ánimo del clima que no dá tregua salvo un par de meses durante el verano , cuando el termómetro decide saltar hacia los veinte grados y los vientos a veces calman lo suficiente como para poder ponerse una remera sin correr peligro.

La única estación de radio, pasa un informe todas las mananas acerca de la sensación térmica para que los campesinos decidan si pueden esquilar sus ovejas. Las extensiones de tierra que la gente posee son tan grandes que requiere de cierto tiempo buscar y reunir a sus animales. Pero todos los vecinos se ayudan en esta tarea ya que no existen alambrados para mantener a los animales en un área determinada. Recientemente algunos propietarios están cayendo en la cuenta de que puede llegar a ser redituable mantener un cierto límite para las ovejas y que se ahorrarian una buena cantidad de horas de búsqueda y combustible para sus Land Rover.

En Port Stanley viven aproximadamente unas mil quinientas personas y allí es donde hace poco Andrew y Allison compraron una casa de piedra de las primeras que se construyeron en el pueblo.

Siempre que ellos deciden irse de viaje por algún tiempo, colocan un freezer trancando la puerta de la cocina. Como esta medida de seguridad me sorprendió un poco, les pregunté si habían muchos robos en el pueblo. Me contestaron riéndose, que lo hacen porque es la única puerta de la casa que se puede llegar a abrir con el viento y podrían entrar animales. Por lo demás sería ridículo que hubieran robos en un pueblo donde todos los vecinos se conocen. Buscando esta tranquilidad, Allison llegó a las Malvinas desde Inglaterra, contratada como profesora. Según me contaron ellos, Allison no había logrado bajar del barco cuando Andrew ya le estaba proponiendo matrimonio.

Fue bastante emocionante entonces enterarme, que durante su estadía en Montevideo , Allison se descubrió que estaba embarazada y que iban a ser padres. Brindamos una noche por este acontecimiento y por un futuro nacimiento en el Caribe alrededor del mes de febrero.

Con un norte fuerte y un poco de tristeza, me despedí de mis nuevos amigos en un frío día de junio. Si todo salía como esperaban, en julio se encontrarían en Río de Janeiro y estoy seguro que así fué.

Tuvimos la suerte entonces de ser el primer puerto que Alpha Carina tocó en su viaje por el mundo y siendo el primer velero que sale a navegar con bandera de Puerto Stanley, tiene un significado aún mayor.

Para aquellos que se navegan todo por el ciber-espacio , pueden encontrar mas información acerca de Alpha Carina en la página web de Falkland Islands. Allí encontrarán un link sobre las andanzas de Andrew y Allison.

Si desean , también les pueden mandar un E- mail a: alphacarinaefk@hotmail.com

Mientras tanto, que sigan soplando buenos vientos!

 

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